En cada gota de lluvia mi vida fracasada llora con la naturaleza. Hay algo de mi desasosiego en el gota a gota, en el caparrón a chaparrón con que la tristeza del día se derrama inútilmente sobre la tierra.
Lllueve tanto, tanto. Mi alma está húmeda de oír llover. Tanto... Mi carne está líquida y acuosa en torno a mi sensación de lluvia.
Un frío desasosegado pone manos gélidas en torno a mi pobre corazón. Las horas cenicientas se alargan, se enllanuran en el tiempo; los omentos se arrastran.
¡Todo muere en mí, incluso el saber que puedo soñar! No estoy bien de ningún modo físico. Todas las suavidades en las que me reclino tienen para mi alma aristas. Todas las miradas adonde miro están tan oscuras de golpearles esta luz empobrecida del día como para morirse sin dolor.
F. P. ó B. S.
14 dic 2009
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